31 de marzo de 2026

Carta pública a María

Martes Santo. 2026

 


He de reconocer que estoy viviendo un momento crítico en el que la semana santa de las procesiones me incita a bajarme de sus trayectos, con la esperanza de evitar que me ahoguen sus cercos asfixiantes. Y es que percibo el atolondramiento semanasantero que huele a política rebozada en turismos que tratan de exprimir por quienes viven del voto, ese limón tan preciado que cuelga del árbol de las masas.

Cuando incluso la propia Iglesia, mi Iglesia, se tiñe el pelaje de las apariencias y los disparates se suceden como algo consustancial a los tiempos que  vivimos, llega la voz de María, una nueva hermana de esta Hermandad que me une junto a ella a la tierra más santa del mundo. Al releer sus palabras, algo se ha removido en mis adentros con delicada presteza, obligándome a abrir esa puerta de las emociones que fábrica con alma la necesidad del abrazo.

María nos ha dejado oír un latido de palabras sinceras. Una palabras que brotaron emotivamente con verdad de su recién estrenado corazón cofrade. Con esa verdad que bajo el hábito oscuro de la noche profunda, encuentra en la propuesta franciscana un signo de humildad posiblemente impropio de este tiempo.

No conocía a María, pero ahora la palabra, su palabra, la ha esculpido cerca de todos nosotros, de todos y cada uno de los hermanos que en esta década maravillosa de los inicios, seguimos haciendo ruta al lado de esa portentosa imagen del Cristo de la Humildad, que saliera de las manos de nuestro siempre recordado amigo, Fernando Mayoral.

Gracias María por reventarme con tu sensibilidad cofrade recientemente inaugurada, los argumentos que estaban fabricándome la zozobra. Inmensas gracias por desnudar esos sentimientos que me han obligado a abrir el almario, donde hace muchas, muchísimas añadas sentí lo que tú nos describes con tanta hermosura y acierto.

Gracias, inmensas gracias hermana mía, por haber logrado con tus anhelos penitentes, incitar a los tuyos a  unirse a esta hermandad sencilla y humilde, pero ambiciosa a la hora de alimentar el compromiso de unión a esos hermanos nuestros, que sufren las duras consecuencias de ser cristiano en las benditas tierras del Señor.

Tus palabras, María, se inscribirán como uno de los hechos más gozosos de esta Semana Santa en el corazón fraterno de nuestra Hermandad.

Recibe el más largo, profundo y sincero de los abrazos, con la esperanza de que lo compartas con esos dos hermanos que habitan tus cercanías, unido a mi deseo de que viváis en familia una feliz Pascua de Resurrección.

Vuestro hermano, José Manuel

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