EN EL ALCARAVÁN 4

1 de marzo de 2009

TENDERETE NACIONAL



J. M. Ferreira Cunquero

Son estos, tiempos en los que una parte del personal asentado en el poltroneo público da la impresión de no inmutarse, ante la situación especialmente sensible que vivimos. Su misión, en muchos casos, es confeccionar cortinas de humo que sirvan para cubrir las opacas cristaleras del negocio. Es imprescindible que la vecindad no descubra las fórmulas con las que nos montan este continuo cachondeo que puede inmunizarnos hasta tal punto, que absortos habitemos los espacios del pasotismo más rechazable. Lo importante es que fijemos nuestra puntería en el despiste, en vez de atizarle en todo el centro a la tachuela, no vaya a ser que de repente algún gallo cacaree en el corral y logre reunirnos a todos en la posible aventura que desmonte la farsa.
Ciertamente nuestra democracia, junto a los partidos políticos y todas las fuerzas sociales, en lo que constituyen y representan, debe estar por encima de estas trifulcas familiares de la cosa nuestra, que ocupan (no falla), en momentos electorales, los espacios de opinión más propensos a airear desencuentros cada vez más inaguantables. Pero tanta sorna, instalada en la interminable sobremesa del gran banquete de la idiotez, (donde los caraduras, más que postre, son guarnición para un empacho) puede albergar los trayectos peligrosos del desaliento que arrope la oscura aspiración de los salvadores de la patria que, agazapados, es posible que esperen su momento para asomar el gaznate.
El caso es que darle la vuelta a la tortilla, cuando se quema su lado más sensible en el aceite de la realidad, es un deporte que enaltece a los partidarios de las militancias absurdas, que a ciegas se encoñan de los mágicos ungüentos para abastecer la pueril creencia de ser valedores de una verdad intocable.
Que un juez mete en cintura a unos cuantos expertos en exprimir el cotarro de la influencia, lo que mola es revisar la letra pequeña del oportunismo más tontaina y montar la neblina que cubra el tenderete hasta que pase el vendaval. Después, por experiencia, bien lo saben, todos volvemos medio tontos a rebozarnos en el olvido.
El juez Garzón es uno de los cometas judiciales que necesitan brillar en el firmamento social apenas se lo ponen a huevo. Siendo esta una apreciación que compartimos mucha gente, también es verdad que desde muy joven se ha caracterizado por dar golpes de todo tipo con una valentía que ya quisiéramos ver en otros jueces de recato y sombra queda.
A mí, que un juez se lo monte en su tiempo libre jugando a las tabas o cazando gamusinos ilusorios en la anochecida, me importa un carajo. El lío se monta cuando su señoría se sitúa en algún lugar inapropiado que puede levantar suspicacias. Y aquí, dejémonos de chorradas, todo cuenta.
Pero más desentona, mucho más, que un ministro socialista, como el dimitido recientemente por sus incalificables torpezas, anduviese metido en distracciones que recuerdan a los latifundistas de la bravata señorial que pudimos ver en las jocosas películas de Berlanga. Pero vamos…, que estos son tiempos donde los papeles se reparten y se adaptan a la chirigota nacional como cuadre. Lo peor es que Zapatero nos hiciese creer que le importaba una peladilla, que su ministro tuviese inmerso en un mosqueo monumental, por su inoperancia y chulería, al personal de los juzgados, o que para remate, como traca final de los despropósitos de tan ex prepotente señor del ministerio, se fuese de caza, sin tener licencia, como si tal cosa.
Nuestro serio problema como ciudadanos es que, ante estas tomaduras de pelo gubernamentales que empiezan a tocar fondo, el PP esté inmerso en cubrir su inoperancia con los más demenciales jeroglíficos del despiste, mientras pone en el ventilador de la mierda un ridículo contraataque que no va a servir para reciclar el pestilente hedor de su propia basura.
Mientras tanto, está clarísimo que a ZP, más que crecerle una diminuta flor, le brota toda una rosaleda en ese lugar que dicen que estercola como ningún otro la buena suerte.

Publicado en el diario El Adelanto de Salamanca 26.02.09

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