EN EL ALCARAVÁN 4

19 de febrero de 2009

CÚSPIDE DEL MARUJEO

J. M. Ferreira Cunquero

Es nauseabundo que una y otra vez nos hundamos en el cieno de la degradación más asquerosa, con tal de que los televidentes (parece ser que en abrumadora mayoría) puedan disfrutar a lo bestia.
Una cría de catorce años es exprimida en un programa televisivo matinal, junto a su madre -¡tiene narices la cosa!- al amparo de un vergonzoso fin, que busca hacer caja gracias a la doméstica masa de espectadores que alimenta el cotarro. Una menor de edad, que dice ser novia del presunto asesino de Marta del Castillo, sube al estrellato de la miseria gracias a dos basureros televisivos que superviven emponzoñando el ocio de millonarias audiencias que disfrutan, parece ser, con el zafio material de casquería humana.
Esta acción incalificable denigra los valores éticos y morales, con una desfachatez que debe asquearnos a todos los que somos capaces todavía de detectar estos indecentes comportamientos en quienes sólo tienen como objetivo prioritario dilatar la fortuna en el baúl de los desechos.
Una vez más vuelve a aprovecharse, en este inmenso lodazal que fluye de los cajones atontados, la carencia de un poder que acote las deplorables vejaciones que se venden en pro de una falsa libertad que alimenta el filón de la ignorancia.
En este caso, la víctima es una chavala que vive, con toda seguridad, en estos momentos, una trágica situación que no puede asimilar su adolescencia. Observar cómo la presentadora del programa ruin destaca la entereza de la cría, más que asco, da pavor y repugnancia.
Para la madre me niego a encontrar el calificativo adecuado, que le corresponde por su absurda e incongruente desvergüenza. La niña, hemos de imaginar que por dinero, ha pisado las arenas movedizas del indecente patíbulo público, que se monta como aparente distracción en los hogares de nuestro país. Esta obscena prestancia a mostrarnos con grandes luminosos la mierda social, debe promover la acción protectora, que ampare a los menores ante la indefensión fatal de la incultura o el intolerable abandono que pueda darse en el seno de la familia.
Estas licencias, que permiten las escaramuzas denigrantes de los oportunistas del momento, reivindican de una manera urgente la respuesta de un estado democrático que debe proteger en todo momento la dignidad de los niños cuando sean vejados en sus más elementales derechos.
Ante el delito o el crimen, la justicia es la única vía que puede encausar a los presuntos culpables. Fuera de ese camino, la fanfarria informativa debe quedar cuestionada. Más cuando se prejuzga, pisoteando uno de los valores más significativos de la democracia, como es el de la presunción de inocencia.
Algo debemos estar haciendo mal, cuando asoman y prevalecen los intereses que corroen de forma organizada las vísceras de esta débil y esponjosa sociedad. Por muy deleznable que sea cualquier acción, no puede admitirse ninguna disculpa como trámite para montar, en porquerizas televisadas, juzgados populares que dan cancha al personaje patético de turno. ¿A qué se espera para desmontar de una vez esta bazofia que ataca la dignidad y la coherencia?
El caso Neira, para no irnos muy lejos, ha sido otra tarta mercantil, desde mi punto de vista, escandalosamente rociada con el chocolate de la obscenidad más cruel y deleznable. En manos de los nuevos bufones del reino se mitigó cualquier ataque de conciencia, adobando la noticia al gusto, para que diese más de sí el negocio. La mujer que recibió la ayuda del profesor, cuando era humillada en plena calle, tuvo siglos de gloria pagada con millones de pelas antiguas, para insultar y mofarse de la esposa de su heroico protector. Se trataba simplemente de vender, en fascículos asquerosamente diseñados, la tragedia.
Esta niña que ha sido carne de televisión repulsiva, puede estar en los inicios de un famoseo que puede darle a ella y a su mamá mucha pasta. Después, cuando no interese, será despeñada, como una muñeca rota, desde la cúspide del banal marujeo, por la indolencia de un negocio que sólo existe para hacer más pasta.
¡Qué asco!
Publicado en el diario El Adelanto de Salamanca 19.02.09

2 comentarios:

  1. Anónimo21:00:00

    ¡Genial como siempre!No sólo por la calidad literaria, la original forma de redacción repleta de expresiones frescas y dinámicas,sino por el acierto en destacar un hecho tan reprochable y que no debe dejarse a un lado. Es bochornoso como la escala de valores de nuestra sociedad está bajo mínimos, hay que movilizarse y luchar porque ane todo seamos personas.

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  2. Anónimo21:08:00

    Gracias porque me has hecho recapacitar sobre el tema. Es lo triste, está uno empezando a acostumbrarse a la carroña. La educación, nuestro pésimo sistema social y educativo es lo que hace que los valores se hayan evaporado. Ahora sólo importa la fama y el dinero fácil y claro tener más que el vecino. Ójala realmente pudieramos recobrar el respeto a los demás, la comprensión, la dignidad, honestidad...en fin..

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