EN EL ALCARAVÁN 4

24 de febrero de 2008

PREÁMBULO ELECTORAL


J. M. Ferreira Cunquero

Los mítines aquellos que conocimos llenando el aforo con un entusiasmo desconocido, que surgía seguramente del ansia de vivir en libertad, quedan demasiado lejos. Mítines donde Carrillo y la Pasionaria ponían a reventar el parque de La Ciudadela de Barcelona, mientras que del mismo modo lo hacían en la Monumental Felipe González y Alfonso Guerra.

Ahora se reúne a los partidarios de turno con excursiones bien organizadas, que llegan desde los más diversos rincones provinciales, tratando de aparentar que todo el papel se ha vendido. Lo importante es que en televisión quede constancia de un ambiente triunfador, bajo el manido montaje de una parafernalia de banderas y consignas pertinentemente estudiadas. Hasta los pilotos encendidos en el atril del señor candidato avisan para que lance las ocurrencias previstas según la cadena que esté emitiendo en ese instante. Así llegamos incluso a alabar, en algún momento de la campaña, la improvisación que prolifera dando la impresión de que los primeros espadas de la política han despertado por fin milagrosamente de una perenne hibernación.

Es la hora en que los trajes se olvidan en los armarios, para darse esos baños de multitudes que se convierten en auténticos circos ambulantes, donde los candidatos se exhiben ante los suyos, para crear ese clima de autoconvencimiento que tanto complace, al creer que todo va sobre ruedas.

En eso y poco más se quedan estas campañas electorales tediosas y aburridas, que no son capaces de convocar a quienes realmente van a decidir con su voto los inquilinos que encontrarán bajo el felpudo de la sorpresa las llaves de la Moncloa.

La gente que habita ese centro extraño, donde reside la amplia moderación, como se mueve sin ningún tipo de registro controlable, hace posible, en cierto modo, que las expectativas del bipartidismo sufran el agobio de la inseguridad que casi siempre aparece en los últimos días de la campaña, por muchas encuestas que se encarguen de vendernos el jamelgo como sea.

Ahora toca divertirnos en la trastienda nacional a cuenta del PP, con ese lío de Gallardón, que no es tal lío si reconocemos que familiarmente hay desavenencias y luchas de poder que buscan una buena situación en las cercanías de Rajoy, por si Zapatero le unta el morro otra vez el 9M.

Aquí, como no podía ser de otra forma, hemos vuelto a sufrir un ataque visto y no visto de pancartitis, cuando algunas cosas ya no pueden servir como bálsamo para cubrir otras lindezas que hemos de imaginar que serán analizadas por los candidatos opositores. Lo curioso de esta campaña, entre otras cosas, es observar cómo logran situarse ciertos peones de la política más rancia y aburrida en los ansiados sillones del poltroneo redentor, como lamentable agradecimiento por los servicios prestados durante siglos. La ética en estos asuntos es tan escasita que, la verdad, suenan a cachondeo ciertas gaitas provinciales.

Sin listas abiertas se propaga la frustración de los cotos cerrados, que en ocasiones te obligan a abstenerte por aquello de que es un insulto a la inteligencia contribuir a que alguno de estos personajes se lo puedan seguir montando con la ayuda de tu voto.

Sigue faltando el tacto que nos merecemos los vecinos de esta ciudad por parte de quienes deberían enterarse de una vez que no sólo en campaña se está a nuestro servicio.

Publicado en el diario El Adelanto de Salamanca 24.01.08

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