EN EL ALCARAVÁN 4

1 de septiembre de 2007

SEIS SOLDADOS

Publicado en el diario "El Adelanto" 02.07.07

J. M. Ferreira Cunquero

Es muy duro contemplar esas imágenes con los ataúdes de los seis soldados españoles asesinados en el Líbano, sobre los hombros de sus compañeros. El ambiente, la música funeraria, la homilía cargada de emociones y los lógicos reconocimientos provocan en estas ocasiones un estado de ánimo que puede conducir, desde el sentimiento más profundo, al catastrofismo más arcaico.

Lo más asqueroso de estos desastres es esa facilidad que algunos tienen para establecer, en las trastiendas del cocineo social cochambroso, situaciones que escudriñan rendimientos políticos incalificables al precio que sea.

Mientras unos aluden a la falta de inhibidores y otros afirman que estos actos terroristas son los previsibles coletazos de la guerra de Irak, caemos en el olvido de que los únicos culpables son quienes ponen las bombas o derraman, en otros momentos, sangre inocente con un tiro en la nuca.

Pero aquí todo se aprovecha y si hace falta se retuerce el dedo dentro de la herida, hasta que el dolor nos cubra la mente, cayendo en la gran trampa que nos ponen, desde los púlpitos de opinión, los apocalípticos predicadores del momento. Ya ni se cortan un ápice a la hora de mostrar su servilismo asqueroso hacia un lado u otro de la gran partida política, que hace tiempo comenzó a jugarse sobre el banal tablero que otorgará el próximo año las perseguidas llaves de la Moncloa.

En vez de estar sufriendo la pérdida de los seis soldados españoles, que al fin y al cabo son los protagonistas de la macabra acción terrorista, asistimos al gran fogueo de discursos interesados, que buscan hallar comparaciones con el pasado reciente. Es tal el despropósito de estos especialistas en calentar el caldo de la crispación política, que cada vez nos vamos animando (con el peligro que esto tiene) a mandar al cuerno a estos políticos oportunistas que se asocian como lapas a cualquier catástrofe.

Lo trascendente no es que, bajo un mandato de las Naciones Unidas, seis soldados españoles han sido asesinados. Lo que interesa es demostrar que aquello es una guerra, buscar paralelismos con Irak y, para que el cocido tenga más carnaza, hacernos saber que los malditos inhibidores acaban de inventarse.

Visionando ese funeral estremecedor, recordaba las palabras de un amigo que ha estado como oficial del ejército en Afganistán. Aparte de sentirse orgulloso por lo que él entiende como actividad humanitaria de la milicia, aludía a ese espíritu castrense que condiciona cualquier otro interés o motivación personal. Como militar convencido, me aseguraba que las misiones humanitarias que se están llevando a cabo en aquella zona conflictiva le llenaban de orgullo, porque su principal cometido es el de contribuir a la paz, ayudando a las pobres gentes que sufren la trágica violencia terrorista.

De todo este guirigay, creo que debemos sacar por lo menos la enseñanza recordatoria de que los inmigrantes, de una manera positiva para nuestra sociedad, están cubriendo las necesidades en muchos campos imprescindibles de la vida pública, donde nosotros, ya no estamos dispuestos a aportar absolutamente nada. Los tres soldados colombianos, deberían ser una ejemplar referencia para abolir de una vez por todas los prejuicios alimentados interesadamente, dentro de esa estrategia crispada, contra los que van llegando de fuera con el anhelo de encontrar aquí el futuro que se merecen como seres humanos.

La invasión que se llevó a cabo en Irak, bajo el falso pretexto de aquellas bombas de destrucción máxima inexistentes, ya no tengo seguro que sea el detonante que ha abierto esta escalada terrorista internacional, pero lo que sí tengo claro es que estos temas que profundizan en nuestro dolor deben tener un tratamiento de estado más serio y comprometido, sin tener en cuenta el color del gobierno que rija los destinos de España.

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