EN EL ALCARAVÁN 4

1 de septiembre de 2007

EL LIBRO DEL TAROT


J. M. Ferreira Cunquero

Apenas lleva conmigo un par de meses y ya está erosionado. Las notas y apuntes lo han marcado de tal manera, que emula uno de aquellos manuales de texto que adquiríamos en una vetusta librería de la que permanece incólume el aroma de sus libros pasados por muchas manos.

Pero este libro-joya al que quiero referirme, ha quedado maltrecho por seis lecturas hambrientas, que contrastaron indescifrables aventuras de nuevos regresos a sus páginas incitadoras, para descubrir una y otra vez, en el íntimo culto del hallazgo emocional, la inmaculada desnudez de su poesía.

Mercedes Marcos nos descubre esa sensibilidad seductora que surge en ella como limpio torrente incontenible, que indaga desde los espirituales adentros su necesidad por mostrarnos la percepción de un mundo, que sólo pueden tocar unos dedos nacidos como los suyos para la entrega.

A través de El libro del tarot, Mercedes nos echa las cartas del corazón sobre la camilla del sentimiento, hilvanando creativamente esos instantes exclusivos y profundos que sólo surgen en el poeta como llamaradas de vida incontenibles.

El tarot y todo lo que representan sus contenidos mágicos para quienes beben en su halo de esperanza y misterio, a través de Mercedes se transforma en inspiración, explorando con el pulso del alma la desnudez poética que inquiere, desde el albor del tiempo, las coordenadas más significativas del ser humano.

Antes de introducirnos en las veintidós cartas del tarot a través del ritual creativo que en Mercedes Marcos fluye de forma natural, es invocada con un poema, en la erizada noche de las adivinaciones la bendita quimera del encuentro.

Después uno a uno los naipes se van ensamblando en una metamorfosis de los augurios, donde el sortilegio de la palabra da cuerpo al libro que nos seduce en la hechizadora calma armonía de sus páginas.

El ritmo de los versos nos conduce por esa senda que va llevándonos al sosiego, cuando descubrimos sus claves bajo el influjo de una técnica que, en Mercedes como poeta ilustrada, surge con el portentoso oficio de quien nació para revelarnos la percepción personal de todo lo trascendente que le rodea.

Cualquier carta que escojamos en El libro del tarot nos acercará al acontecimiento que nos descifra la pureza de un humanismo sin concesiones, que en Mercedes eclosiona como una parte vital de ella misma.

La carta de la muerte inspira a la poeta para decirnos: Su encanto ritual se rompe en filos/y amarillas aristas de cosecha/. Todos acudiremos a sus porches/ a atardecer en tránsito de rosa. Ante la de la luna otros versos afirman con delicada hermosura: Hay una conjunción -muchedumbre de ocasos-/donde la luna se muere o se desluna/ hasta un retorno de luces desleídas. Y así podemos hacer un recorrido por las premoniciones de esta sacerdotisa de la palabra, hasta llegar a ese poema soberbiamente construido, que nos traduce el naipe de “El mundo”: Cuatro esquinas del mundo en cada ojo anidan./ Quien las mira descubre su destino de hielo/ y el oro de las vírgenes en el centro del círculo.

Esta baraja del tarot, que nos entrega Mercedes, sólo precisa la indumentaria del rito personal del abandono, que surge cuando somos capaces de conquistar la emoción en silencio. Sus cartas, una a una irán danzando como bendita hojarasca sobre el inescrutable tapiz de nuestros sentimientos más hondos. La lectura de El libro del tarot nos irá insuflando, con sed incontenible, el deseo de tornar a la pócima que guarda el grito de los regresos en su abrazo indestructible. Por ello, este poemario, como decía antes, ha sido manoseado hasta ocupar el rincón preferente de mis pobres pertenencias, para citarnos, otra vez, cuando su voz entrañable necesite, sobre su rostro vegetal, el temblor de mi mirada.

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