4 de enero de 2013

URGENCIAS SANITARIAS





J. M. Ferreira Cunquero

Foto: Javier Martin. Diario El Mundo.
Por estas fechas, hace dos años, la fatalidad, que hinca sus zarpas en muchos pueblos de esta tierra abandonados a su suerte, nos atacó en lo más cercano. Todo por la desidia, que tiene claros culpables en quienes, en época electoral, se disputan con demasiado celo el cinematográfico voto del famoso señor Cayo.
Mientras la ambulancia no podía salir del centro médico de Alcañices, a causa de la nevada, un espantajo quita nieves estaba de brazos caídos a una decena de metros. Tan lamentable suceso tuvo, como no podía ser de otra forma, el peor de los desenlaces.
Y es que la acartonada burocracia no puede saltarse contratos y normativas ridículas, aunque obstruyan la ayuda humanitaria precisa en un caso de urgencia vital. Además, los cuatro helicópteros que tenemos no son más que cascarria a la hora de socorrer a las pobres gentes, que sufren los calamitosos aislamientos apenas caen unos copos de nieve.
Frente a estos problemas que soportan las poblaciones más alejadas de los centros hospitalarios, en vez de soluciones, aparecen -no falla- las tracaleras coartadas políticas, que en esta tierra no son más que puro chascarrillo en escabeche.
Así, el mochuelo sanitario desplumado por los drásticos recortes, ha unido (con toda razón) la gran protesta de los pueblos de las Arribes, que reivindican simplemente lo que les pertenece. La palabrería no basta ya para solucionar una problemática que puede poner en riesgo la vida de los propios contribuyentes del engendro sanitario.
Eso sí, los ineptos y toda la fanfarria deshumanizada, que huele a despacho con cierto aroma a incompetencia, nunca podrán menoscabar el tesón de los profesionales que cubren las urgencias dejándose la piel en cada caso.
Es para echarse a temblar si pensamos que en una ciudad como Salamanca, con doscientos mil habitantes, sólo el equipo adscrito al centro de la Alamedilla atiende diariamente las urgencias domiciliarias. Vamos, que si nos ponemos los doscientos hipocondriacos de parto a la vez, la humareda del tinglado sanitario llega hasta las dependencias del mismísimo san Pedro. 
Publicado en el el diario El Adelanto de Salamanca 04.01.13

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