12 de octubre de 2012

ENGRACIA SUENA A CHISTE






J. M.  Ferreira Cunquero

La señora Engracia acaba de recibir la noticia de que otro de sus hijos ha ingresado, contra su voluntad, en la gran movida que sigue extendiéndose cual interminable plaga silenciosa. Lo han despedido del trabajo, no porque fuese mal currante, sino porque la empresa de electrodomésticos en la que llevaba veinte años no ha vendido ni un ventilador en toda la temporada.
La señora Engracia maldice su nombre porque ahora, de repente, le suena a chiste. Por eso su vozarrón retumba en el patio pidiendo justicia, mientras recuerda a familiares y afines de los políticos más relevantes del momento. Según ella, este país se ha metido en un proceso gripal que acojona. Y como para la gripe no hay pócima efectiva, la señora Engracia recomienda que nos tomemos, el tembleque agudo que nos chinga la armonía, como un curso intensivo para sobrellevar, después, las febriles agujetas.
La señora Engracia, con su ridícula pensión de pobre, dice que ya no tiene ni para darle un cacho de pan a los cuatro vástagos que, mirando al cielo, les ha dado por soñar que se fugan entre nubes.
Y es que mientras las filas del paro destilan desesperación por todos los rincones patrios, hay compatriotas molestos por el chirriante sonido que, acalorado, surge del cabreo nacional que, para mí, acaba de estrenarse. El griterío ira subiendo el tono, no porque gobierne la derecha a golpe de insolvente ingenio, sino porque se ha esfumado la esperanza progresista, gracias a las izquierdosas componendas que pasaron por aquí tocando la gaita hace cuatro días.
Lo peor es observar cómo este gobierno asimila el cabreo callejero, con la seguridad de que la afonía irá apagando el grito. Vamos, que lo que mola es seguir en la ceguera, sin reconocer que la crítica callejera cada vez se convoca con más soltura, mientras el caduco argumento democrático del “cada cuatro años” suena ya como a chorrada.
Mientras tanto, eso sí, un ejército de incompetentes, en nuestro nombre, posiblemente seguirá pegándose un buen morreo con la banca.

Publicado en el diario El Adelanto de Zamora y en el de Salamanca 12.10.12

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