EN EL ALCARAVÁN 4

1 de febrero de 2009

RETÓRICA DEL EMPALAGO


A mí, Zapatero me aburre. Ni su sonrisa me recuerda aquella calma aparente que necesitábamos como antídoto, contra el interminable cabreo que surgía del agrio discurso de Aznar en sus últimos tiempos. Ante la cara dura de vendernos contra viento y marea inexistentes bombas de destrucción masiva en Irak y aquella chabacana transformación en rancherito con puro embocado hasta la vitola y botos camperos encima de un mueble estilo John Wayne, don José Luis -¡leñe!- encarnaba el regreso de la mesura y la sensatez, envueltas en bondad increíble. Luego, la buena estrella de Zapatero brilló en el momento justo, coincidente con los atentados del 11M y la metedura de pata de aquellos que se empeñaron en defender lo indefendible cuando el gentío tenía hartura de tanta fanfarria gubernamental. Claro que hay otras lecturas, como las del ácido ese que me doy en los pinrreles llegando agosto, o los montajes de la Ser con no sé cuantas historias de hadas y otras fantásticas referencias incluso a tramas extraterrestres.
Para qué engañarnos, en este bipartidismo del aburrimiento vienen bien los cambios, y más cuando ya tenemos la experiencia de lo que anteriormente pasara con aquel empacho socialista que, al mando de Felipe González, nos dejó para mucho tiempo escoñadas las tragaderas. Manos manchadas en maletas y cajones con olor a pasta, y otras beldades que a muchos nos hicieron recordar cómo se trasforman los hombres endiosados si se perpetúan tras los muros de los palacetes adormilados en las poltronas. Y claro, para eso está la memoria histórica, para recordarlo todo, todito y no sólo aquello que nos endulzan para que montemos el festival amanerado, mientras se nos sugiere que no es bueno levantar estas otras conejeras recordatorias, que benefician a los agazapados ultras de la nostalgia franquista… ¡Venga ya!
Si después de treinta años de democracia, no se puede hablar de las fosas donde esperan justicia los españoles asesinados miserablemente en la guerra civil, y sobre todo en la posguerra, ni podemos criticar a quienes hace cuatro días tocaron el pelo del poder, más que democracia, esto sería un sistema político melonero. Aquí la memoria limpia, clara y a punto para despertar lo que se nos antoje en cualquier momento. Por encima de los intereses de los cercos partidistas, donde prevalece la obediencia agilipollada, si no quieres caerte del taburete del momio, debe prevalecer a toda costa, mientras tengamos lengua y pluma para escribir, la libertad de opinión. ¡Faltaría más!
Mira que Zapatero se empeña en divertirnos con algunas de sus ocurrentes y brillantes propuestas… La genial idea de su “alianza de civilizaciones” me enciende el ánimo al sentirme inmerso en esos súper montajes cinematográficos que Hollywood nos remite con el sello de la casa, bajo el patrocinio de las grandes papeleras que hacen su agosto fabricando moqueros para recoger de los espectadores su llanto.
Y es que cuando ZP lanza estas proclamas con marchamo interestelar, aparece con blanduras el recuerdo de mi abuelita contándome aquellos relatos en los que se enrollaba sin saber cómo ponerles fin, mientras un servidor, apenas entraba en tema, se dormía plácidamente a su lado.
Este gobierno ha tenido detalles dignos de ser recordados, sobre todo en materia social. En algunos momentos ha quedado demostrada su valentía y un tesón para sacar adelante ciertas leyes que, aunque hayan generado escandaleras en las líneas conservadoras, han servido para hacer justicia a determinados sectores sociales de la marginación histórica de nuestro país. La Ley de Dependencia con toda su problemática en el desarrollo y aplicación (no nos quepa duda), pasará a ser una las referencias inolvidables de esta época.
El problema, mi problema es que el botellón del talante no sirve para la marcha que precisamos y las palabras con tanto reboce se han empanado en la harina ilusionaría.
No es otra cosa que mi derecho a sentirme aburrido con este Presidente de gobierno. Su palabrería insiste tozuda en demostrarme la evidencia de su oquedad pasmosa en muchas ocasiones. Es eso. Sólo eso.


Publicado en el diario El Adelanto de Salamanca 29.01.09

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